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Haiti

João Alexandre Peschanski

Nombre oficial République d’Haiti (en francés);
Repiblik d’Ayiti (en criollo haitiano)
Localización Caribe. Al oeste ocupa un tercio de la Isla Española, está bañado por el mar Caribe al sur, por el océano Atlántico al norte y al este limita con la República Dominicana
Estado y gobierno¹ República presidencialista
Idiomas¹ Criollo y francés (oficiales)
Moneda Gourde
Capital¹ Puerto Príncipe (2,37 millones de hab. en 2014)
Superficie¹ 27.750 km2
Población² 9.896.400 hab. (2010)
Densidad demográfica² 357 hab./km² (2010)
Distribución
de la población³
Urbana (52,02%) y
rural (47,98%) (2010)
Analfabetismo³ 39,3% (2015)
Composición étnica¹ Negros (95%); blancos y mestizos
de negros y blancos (5%)
Religiones¹ Católica romana (oficial, 54,7%); bautista (15,4%); pentecostal (7,0%); adventista del séptimo día (3%); metodista (1,5%) otras denominaciones protestantes (0,7%); vodu (oficial, 2,1%), otras (4,6%), ninguna (10,2%). Muchos haitianos practican vodu además de otra religión, con más frecuencia el catolicismo. El vodu fue reconocido como religión oficial en 2003 y es un sincretismo religioso del cristianismo con las religiones africanas.
PBI (a precios constantes
de 1995)⁴
US$ 7.590 millones (2013)
PBI per cápita (a precios constantes de 1995)⁴ US$ 740,2 (2013)
Deuda
externa pública⁴
US$ 1.470 millones (2013)
IDH⁵ 0,471 (2013)
IDH en el mundo
y en AL⁵
168.° y 31.°
Elecciones¹ Presidente electo directamente por el voto popular para un mandato de 5 años sin derecho a la reelección. Poder legislativo bicameral compuesto por el Senado, con 30 miembros directamente electos en distritos electorales plurinominales por mayoría absoluta, en dos vueltas si es necesario, para cumplir mandatos de 6 años y con renovación de un tercio cada dos años; y, la Cámara de Diputados, con 99 miembros directamente electos en distritos electorales uninominales por mayoría absoluta, en dos vueltas si es necesario, para cumplir mandatos de 4 años. La Asamblea Nacional, como es llamada la sesión conjunta del Senado y de la Cámara, rectifica la designación del primer ministro hecha por el presidente. En cuanto al Gabinete de Ministros, es elegido por el primer ministro quien consulta con el presidente.
Fuentes:
¹ CIA: World Factbook.
² ONU: World Population Prospects: The 2012 Revision Database.
³ ONU: World Urbanization Prospects, the 2014 Revision.
⁴  CEPALSTAT.
⁵  ONU/PNUD: Human Development Report.

Gerson Sintoni (texto de actualización de la entrada, 2006-2016)

En la última década del siglo XVIII, sucesivas insurrecciones dieron por resultado la liberación de los esclavos en la rica colonia francesa de Haití, situada en la parte oeste de la isla La Española. Durante los levantamientos, el antes esclavo Toussaint Louverture reveló un gran talento militar y político, y logró unificar a los haitianos. En 1801 liberó a los cautivos del resto de la isla; es decir, los del territorio de colonización española que actualmente corresponde a la República Dominicana . Al año siguiente tuvo que enfrentar a las tropas enviadas por Napoleón Bonaparte. Después de establecer una tregua, Louverture fue detenido y enviado a Francia, donde murió en la cárcel en 1803. No obstante, sus generales continuaron la lucha y derrotaron a los ejércitos europeos, haciendo de Haití el primer Estado soberano de América Latina en el año 1804. Tres años más tarde, la porción meridional del territorio se convirtió en república: la segunda proclamada en el continente, después de los Estados Unidos.

A comienzos del siglo XXI, Haití, pionero en las luchas por la abolición, la independencia y la república, conmemoró sus doscientos años de autonomía política, aunque bajo la intervención militar extranjera. En esos dos siglos, la patria de Louverture fue devastada por catástrofes naturales y políticas. Los huracanes, la ocupación extranjera, las sequías, las dictaduras sanguinarias, las masacres y la corrupción marcaron la historia del país. Entre 1950 y 2005, los indicadores sociales y económicos haitianos fueron muy negativos y el país se transformó en el más pobre de toda América Latina.

No hay perspectivas de mejora a corto plazo. Las instituciones, fallidas, están dirigidas por políticos escogidos por la comunidad internacional y, por con­siguiente, más comprometidos con las grandes potencias que con el bienestar de la población. Ésta vive, en la miseria, bajo el terror instaurado por los grupos criminales.

Los intereses geopolíticos y económicos estadounidenses en Haití obstruyen los movimientos de transformación social. En 1957, para contener el avance comunista en el Caribe –estimulado por los guerrilleros cubanos–, el gobierno de los Estados Unidos apoyó la candidatura y el subsiguiente régimen autoritario de François Duvalier , Papa Doc. Para los estadounidenses, intervenir en Haití no es una acción extraordinaria sino una praxis.

El origen de la “papadocracia”

Mientras permaneció en el poder, desde 1957 hasta 1971, François Duvalier construyó un régimen a su imagen y semejanza: megalómano, místico y totalitario. Haití se transformó en una expresión latinoamericana del fascismo. Al morir, en 1971, Papa Doc dejó como resultado 30.000 personas asesinadas y un país en colapso.

La papadocracia representó la combinación de tres vertientes: la política de los Estados Unidos para el Caribe, principalmente durante la Guerra Fría; un modelo económico volcado a la exportación de materias primas, y la habilidad de Duvalier para manipular esos dos elementos y aniquilar toda tentativa de oposición.

A comienzos del siglo XX, Haití pasó a ser un elemento central de la estrategia imperialista de los Estados Unidos. En 1915, centenas de marines desembarcaron en Puerto Príncipe y tomaron el gobierno con el pretexto de fortalecer la inestable política interna haitiana. La ocupación, mientras tanto, fue una maniobra para ocupar el lugar de Francia como potencia hegemónica en Haití. Más allá de esto, la localización geográfica del país garantizó a los Estados Unidos el control de gran parte de las rutas marítimas caribeñas. No fue mera coincidencia que la ocupación haya ocurrido un año después de la apertura del canal de Panamá , el principal pasaje comercial de las Américas.

Una de las primeras medidas de las fuerzas de ocupación fue reescribir la Constitución con el objetivo de beneficiar a los Estados Unidos como socio comercial. Entre 1916 y 1927, el 87% de las importaciones de Haití provenían de los Estados Unidos. La producción de caña de azúcar, base de la economía haitiana, quedó bajo el control de empresarios y funcionarios norteamericanos por medio de la Compañía de Azúcar Haitiano-Estadounidense (HASCO). Después de la ocupación, la empresa siguió controlando el azúcar haitiano hasta 1987.

Durante la ocupación norteamericana, el banquero Roger Farnham, de Nueva York, fue responsable de la organización del sistema financiero haitiano. Entre otras medidas, implementó exenciones fiscales para las empresas estadounidenses, en vigencia hasta la década de 1980. También organizó el pago de la deuda de Haití con los Estados Unidos, que totalizaba US$ 21,5 millones en 1915.

Los marines permanecieron en Haití hasta 1934. Fueron expulsados tras una insurrección de campesinos, conocidos como Cacos . El movimiento sufrió una dura represión por parte de los Estados Unidos; entre 1918 y 1920, al comienzo de la insurrección, fueron asesinados 12.975 campesinos.

A pesar del retiro de las tropas, los norteamericanos siguieron influyendo sobre la política interna haitiana. Durante la ocupación implementaron mecanismos para garantizar su dominio, cosa que consiguieron mediante la creación de una intensa red de corrupción en los planos más altos del gobierno.

El control de Washington sobre la política haitiana se intensificó a partir de la década de 1950. El presidente norteamericano Dwight Eisenhower aumentó la presión sobre el gobierno de Haití para que contuviese la influencia de los guerrilleros de Sierra Maestra (región oriental de Cuba ) sobre la población del país. En las elecciones presidenciales de 1957, Eisenhower apoyó al médico y político François Duvalier. El candidato garantizó, en sus reuniones con funcionarios de los Estados Unidos, que combatiría la influencia castrista. Duvalier fue elegido presidente en comicios marcados por el fraude y la violencia.

El reino de los Tontons Macoutes

El programa político de Duvalier proponía realizar una revolución social en Haití. Prometía “luchar contra el desempleo, la miseria y el hambre por medio del aumento racional de la producción” y “eliminar todas las formas de opresión o de sumisión del pensamiento y las libertades ciudadanas”. El divorcio entre discurso y práctica fue rápido. El 22 de septiembre de 1959, durante la conmemoración de su segundo año de gobierno, Duvalier marchó con las milicias civiles armadas, a las que otorgó el poder de mantener el orden. Así se inició el reino de los Tontons Macoutes , la policía secreta y personal de Papa Doc.

Con órdenes de reprimir a los comunistas y otros opositores, los Tontons Macoutes asesinaban, torturaban y violaban indiscriminadamente; siempre con impunidad. En 1964, en represalia a un joven opositor, las milicias asesinaron a todos los que tenían el mismo apellido: Sansaricq. Solamente en esa ocasión mataron a más de cien personas.

En 1961, Duvalier lanzó un programa de tala de árboles en la región oriental del país. Lo justificó diciendo que era la única manera de detener a las guerrillas comunistas que supuestamente actuaban en el área. Fue apoyado por los Estados Unidos, que ese año envió US$ 13,5 millones al país –casi el 45% del presupuesto–. Haití, otrora conocido como la Perla Verde del Caribe, se transformó en un inmenso desierto. Al final del gobierno de Papa Doc, subsistía menos del 2% de su vegetación original.

También en 1961, el dictador mandó cerrar el Parlamento. Se realizaron nuevas elecciones legislativas, de las que sólo pudieron participar los duvalieristas. En 1964 los diputados modificaron la Constitución y declararon presidente vitalicio a Duvalier.

Para fortalecer el control sobre la población, la publicidad oficial presentaba a Duvalier como “el mayor patriota de todos los tiempos, Emancipador de las Masas, Renovador de la Patria Haitiana, Campeón de la Dignidad Nacional, Jefe de la Revolución y Presidente Vitalicio de Haití”. También alimentaba el mito de que el dictador tenía poderes espirituales. En los actos públicos, los ministros practicaban rituales del vudú, la religión preponderante en Haití. Papa Doc no creía en el vudú, pero sabía utilizarlo como instrumento de dominación. Comparaba la violencia contra los opositores con los sacrificios de animales, comunes en el rito vudú. Cuando un líder religioso lo criticaba, lo mandaba matar.

Otra característica del régimen era su dependencia de las metrópolis capitalistas. El presidente norteamericano John F. Kennedy envió soldados –que se instalaron en una base en la bahía de Mole Saint-Nicolas– y funcionarios de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) –que actuaron en los ministerios e instituciones públicas–. El régimen de Papa Doc recibía millones de dólares por mes, provenientes del gobierno de los Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). La moneda de cambio era la represión del comunismo –triunfante en Cuba desde 1959– y la liberalización de la economía. El control de la HASCO sobre la producción azucarera haitiana aumentó notablemente.

La dictadura hereditaria

En 1971, Papa Doc sufrió un infarto. No murió, pero comenzó a temer por su sucesión. Mandó distribuir panfletos en Puerto Príncipe, en los que aparecía junto a su hijo con la siguiente leyenda: “He aquí el joven líder que les prometí”. Jean-Claude Duvalier , conocido como Baby Doc, tenía diecinueve años, y según la Constitución haitiana el presidente del país debía tener como mínimo cuarenta. Los diputados alteraron la Carta Magna y convocaron un referendo para ratificar la elección del sucesor. Resultado de la votación: 2.239.916 aprobaciones y ningún rechazo. Las entidades internacionales denunciaron el fraude del referendo.

Papa Doc murió el 22 de abril de 1971. Su hijo Baby Doc asumió el mando del Ejecutivo, prometiendo mantener la política del padre.

El príncipe heredero cumplió su promesa: reestructuró el Ejército y encuadró en él a los Tontons Macoutes, a partir de entonces designados como Voluntarios de la Seguridad Nacional. También aumentó el contingente, con el pretexto de luchar contra el comunismo, y continuó con la política de terror característica del gobierno de Duvalier padre. Baby Doc fue elogiado y apoyado por los Estados Unidos, que, vía FMI, enviaron US$ 2 millones a los cofres del régimen.

En 1977 se agravó la crisis económica y se instaló el hambre. En embarcaciones improvisadas, millares de haitianos huían a los Estados Unidos y a Cuba. Muchos se entregaron al trabajo –en condiciones comparables a las de los esclavos– en las plantaciones de caña de azúcar de la vecina República Dominicana. Se estima que 150.000 haitianos se trasladaron al país vecino entre 1950 y 1980. En las dos décadas siguientes, el número llegó a 320.000. Debido a la superpoblación de los cementerios, Baby Doc exportó cadáveres a las universidades de los Estados Unidos para ser usados en estudios prácticos de anatomía.

A comienzos de la década de 1980, se generalizó la insatisfacción popular. Surgieron movimientos contestatarios apoyados por la Iglesia Católica, otrora ligada al régimen de Papa Doc. En 1986 hubo levantamientos en cinco de los nueve departamentos del país. Duvalier hijo abandonó Haití con una fortuna personal estimada en US$ 100 millones y se refugió en Francia. Sus amigos y amigotes también dejaron el país con cuentas bancarias millonarias. La opulencia de la camarilla fugitiva de Haití marcó un contraste absoluto con la miseria de la población, que jamás había sido tan grave.

Jean-Claude “Baby Doc” Duvalier, como se conoce al ex presidente haitiano, en Puerto Príncipe, en enero de 2011 (Marcello Casal Jr/Abr)

Un país en la miseria

Después de tres décadas de duvalierismo, Haití estaba en la ruina. Los estudios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) situaban al país entre los cincuenta más pobres del mundo: el único representante latinoamericano en ese grupo. Entre 1965 y 1980, de acuerdo con el Banco Mundial, la economía haitiana creció en promedio el 2,9% por año, por debajo de la tasa de crecimiento poblacional (3,4%). En la década siguiente, la economía retrocedió al 0,2% por año.

La crisis afectó principalmente a la población rural, que en 1988 representaba el 71% de los 6,3 millones de haitianos. La mayoría no tenía dónde trabajar. Más de la mitad (el 67%) de las tierras cultivables pertenecía al 1,15% de hacendados, conocidos como gran don [grandes señores]. Muchos de ellos eran Tontons Macoutes: Papa Doc había distribuido entre sus aliados 120.000 hectáreas, un quinto de las tierras aptas para agricultura.

Los pocos campesinos dueños de tierras no disponían de semillas, equipamientos ni ayuda del Estado. Los pequeños agricultores que conseguían producir no podían competir con las mercaderías importadas, principalmente de los Estados Unidos. En los años 80, el presidente haitiano aprobó la exención de impuestos a los productos del exterior y no subsidió la producción local. El déficit de la balanza comercial alcanzó los US$ 200 millones en 1981.

En 1983, el gobierno –siguiendo la orientación de la USAID– mandó matar 1,2 millones de cerdos. Se alegó que los animales estaban contaminados por la peste porcina africana, una enfermedad contagiosa. Para reponer los animales muertos, el presidente importó 300.000 cerdos de los Estados Unidos. Muchos de ellos no se adaptaron al clima del país caribeño y murieron.

Los cerdos representaban un tipo de economía para los campesinos y eran su principal fuente de ingresos. Cada vez más empobrecidas, las familias de la zona rural se trasladaron a las ciudades –principalmente a Puerto Príncipe– en busca de empleo y alimentos. Pero no encontraron trabajo. Los Duvalier habían usado los presupuestos destinados al desarrollo del polo industrial para la construcción de una ciudad en su honor: Duvalierville. Sin actividades económicas relevantes, permanece despoblada.

Planeada para 150.000 habitantes, pero con 1,1 millones de personas en 1989, Puerto Príncipe es la imagen misma del colapso del país. Los asentamientos informales dominan el espacio urbano. En las calles sin pavimentar, los haitianos sobreviven gracias al comercio informal. Las cloacas están a cielo abierto. Falta electricidad y agua potable. La criminalidad aumenta día a día. El tráfico de drogas es el sustento de muchas familias: en 1988 movió US$ 500 millones, dos veces más que el año anterior.

Cité Soleil, región de extrema pobreza en Puerto Príncipe, capital de Haití (Bruno Le Bansais/Creative Commons)

La sociedad se organiza

El derrocamiento del duvalierismo –conducido por los acólitos de Baby Doc– no benefició a la población. Las políticas sociales, exigidas durante las protestas que derrocaron a Duvalier hijo, no avanzaron. Nada parecía cambiar en el campo institucional.

En el departamento del Plateau Central proliferaban las ocupaciones de tierras organizadas por el Movimiento Campesino de Papay (MPP, Mouvman Peyizan Papay) con sede en la ciudad de Papay. Los campesinos producían alimentos en las tierras ocupadas, generalmente abandonadas por sus antiguos propietarios. Existente desde 1973, el MPP cobró dimensión nacional. Organizó campamentos en los nueve departamentos del país y reunió a más de 100.000 personas en la lucha por la reforma agraria .

La policía y los militares reprimieron a los campesinos. En el municipio de Jan Rabel fueron asesinados 139 trabajadores que participaban de una manifestación pacífica por la reforma agraria. En repudio a la violencia, hubo levantamientos en el campo en diversos departamentos.

En Puerto Príncipe se difundió la historia de un cura que andaba descalzo por los barrios precarios predicando la unión de los pobres, diciendo que la organización popular era voluntad de Dios y que la “avalancha” iba a comenzar. Era Jean-Bertrand Aristide, conocido como Titid. Por donde pasaba, ayudaba a construir asociaciones que luego se transformaban en sedes de discusión política, alfabetización, preparación de protestas y organización de ayuda entre campesinos. Apoyándose en la actuación del cura en los barrios pobres surgió el movimiento Lavalas (“avalancha”, en criollo haitiano), más amplio y flexible que un partido político.

En las primeras elecciones libres de Haití, en 1990, Aristide fue elegido presidente con el 67% de los votos. En sus discursos defendió la reforma agraria, la distribución de la renta, la alfabetización masiva y el establecimiento de lazos con el gobierno cubano. La victoria del movimiento Lavalas inflamó a los intelectuales. El sociólogo Gérard Pierre-Charles escribió:

Se trata de una revolución antioligárquica, apoyada por la mayoría de la población, que exige el acceso a la ciudadanía, la justicia social y el desarrollo económico dentro de un cuadro de modernización del Estado. Se trata de un proceso de cambio histórico de fundamental importancia. Se trata de un fenómeno latinoamericano, a pesar de los factores estructurales y culturales intrínsecos.

Democracia de corta vida

Desde el inicio de su gobierno, Aristide fue hostilizado por los antiguos Tontons Macoutes, los latifundistas y los militares. Dichos sectores amenazaban con derrocar al presidente, pues consideraban que la propuesta de promover cambios sociales representaría un foco de inestabilidad.

Para mantenerse en el cargo, Aristide negoció con los tres grupos. Se comprometió a no modificar los rumbos de la política económica y firmó un acuerdo para implementar un programa de ajuste estructural elaborado por el Banco Mundial –institución que había criticado durante su campaña electoral por considerarla un instrumento de los Estados Unidos–. El programa del Banco Mundial defendía la liberalización de la economía; es decir, menos participación del Estado y más apertura comercial según el recetario del Consenso de Washington .

La población haitiana no aceptó el cambio de rumbo del presidente. Las organizaciones campesinas criticaron la política económica y organizaron protestas. Aristide intentó contener los movimientos de oposición sin recurrir a la represión. Participó de asambleas en la zona rural y los asentamientos informales de Puerto Príncipe. Montó una campaña de estímulo a la participación popular en la política, cuyo lema era: “Chanje Leta ba li koulè revandikasyon pèp la” [Cambiar el Estado para que tenga los colores de las reivindicaciones del pueblo].

La elite amenazó, una vez más, con derrocar el gobierno. El importante periódico Le Nouvelliste , vinculado a la burguesía, publicaba editoriales encendidos contra Aristide. Tanto los sectores dominantes como la población pobre radicalizaron sus protestas. Con la intención de equilibrar los descontentos, Aristide cambió de ministros, alternando políticos conservadores y progresistas; hizo acuerdos con los Estados Unidos; participó de encuentros campesinos y se acercó a los intelectuales de izquierda, entre ellos Pierre-Charles.

En septiembre de 1991, la situación estaba a punto de explotar. El MPP organizó ocupaciones en el Plateau Central. Desde Le Nouvelliste , los editoriales exigían la intervención del presidente. Los antiguos Tontons Macoutes formaron milicias para detener las acciones campesinas. El 27 de septiembre, el presidente tomó partido. En una asamblea, delante de 20.000 personas, amenazó a latifundistas y empresarios:

Ustedes, que tienen dinero y no quieren vivir fuera de Haití, denle trabajo al pueblo. Les aconsejo aceptar esta oportunidad que les doy. No habrá otra, sólo ésta. Si no la aceptan, no será bueno para ustedes.

Tres días después ocurrió el golpe de Estado, del que participaron milicias organizadas por los antiguos Tontons Macoutes. Una junta militar asumió el gobierno. Aristide, amenazado de muerte, huyó del país.

La metamorfosis de Aristide

El presidente depuesto se refugió en Venezuela y luego viajó a los Estados Unidos, donde fue acogido por representantes del Partido Demócrata. La agrupación se oponía a la política del presidente republicano George Bush, principalmente en el escenario internacional. Defensores de un nuevo orden mundial basado en el libre comercio, los demócratas criticaban al gobierno por ser intervencionista y belicista, y estar volcado a acciones como la Guerra del Golfo contra Iraq, iniciada en enero de 1991.

En ese panorama, Aristide resultó ser importante para el Partido Demócrata, casi un protagonista de propaganda. Los demócratas financiaron parte de su estadía y garantizaron su seguridad. También se ocuparon de su agenda, marcando reuniones con empresarios y funcionarios de instituciones como el FMI y el Banco Mundial. Mientras tanto, Aristide hacía declaraciones públicas, denunciando el golpe que lo había derribado. Los senadores de la oposición se apresuraron a criticar a Bush por haber supuestamente apoyado a la junta militar que detentaba el poder en Haití. La opinión pública se sensibilizó. En octubre de 1991, tras una campaña internacional impulsada por el ex presidente, la Organización de los Estados Americanos (OEA) y el gobierno de Bush iniciaron un embargo económico a Haití.

Bill Clinton, del Partido Demócrata, asumió la presidencia de los Estados Unidos en 1993. Clinton defendió públicamente el retorno de Aristide al poder. Para eso negoció sin éxito con el líder de la junta militar, el general Raoul Cédras. Un año después, con el aval de la ONU, 20.000 soldados de los Estados Unidos ocuparon Haití y recondujeron a Aristide a la presidencia.

Tanques en el aeropuerto de Puerto Príncipe, parte de la artillería confiscada por el ejército americano del ejército haitiano, durante la Operación Uphold Democracy [Asegurar la Democracia], en septiembre de 1994 (US Air Force)
El retorno de Titid al país fue triunfal. Durante el gobierno golpista, la crisis económica y la represión se intensificaron. 350.000 pequeños campesinos fueron despojados de sus tierras y 4.000 personas murieron asesinadas. La vuelta del presidente, a los ojos del pueblo, conllevaba la promesa de una vida mejor.

Aristide, sin embargo, ya no era el mismo. Desaparecieron de sus discursos las referencias a las grandes transformaciones sociales, como la reforma agraria. En 1995 lanzó un programa de privatizaciones que concluyó con la adquisición de las empresas y edificios estatales por grandes empresas extranjeras. Titid parecía haber vuelto del exilio con un proyecto listo y acabado: expandir el neoliberalismo en Haití, a cambio de su permanencia en el cargo. Para garantizarlo, reprimió las protestas campesinas y no titubeó en eliminar eventuales opositores. También disolvió el Ejército, responsable del golpe de 1991, y, con la orientación de militares de Estados Unidos, formó una nueva policía cuya dirección centralizó. Al mismo tiempo, para contener a la oposición, mantuvo diálogo con organizaciones populares. Organizó asambleas en asentamientos informales e invirtió en propaganda; tomó algunas medidas que agradaron a los sectores más izquierdistas, como el reconocimiento público de Cuba como país libre, por ejemplo. Sin embargo, en la práctica mantuvo la línea neoliberal.

El movimiento Lavalas ganó las elecciones legislativas de 1995 pero Aristide no pudo disputar el pleito presidencial, porque la Constitución no permitía la reelección. Su candidato, René Préval, fue elegido sin dificultad. Al año siguiente, los Lavalas se dividieron. Por un lado, la Familia Lavalas (FL, Fami Lavala) formada por los que apoyaban a Aristide; por el otro, la Organización Política Lavalas (OPL, que después pasó a llamarse Organización del Pueblo en Lucha) que reunía a numerosos intelectuales, entre ellos Pierre-Charles. Las dos agrupaciones disputaron la orientación política del gobierno de Préval. La pulseada se intensificó con la elección del primer ministro. Aristide sugirió a Ericq Pierre, ex funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La OPL se presentó con Rosny Smarth, presidente de una organización no gubernamental que actuaba junto a los campesinos. Ganó Smarth, cuya principal bandera era la democratización del Estado haitiano.

Aristide se distanció del gobierno e hizo campañas contra el primer ministro. En 1997, acusando a la FL de perseguirlo, Smarth renunció. El ex presidente retomó su actuación central en el gobierno, negociando y controlando la entrada de las inversiones y la ayuda financiera de los Estados Unidos a Haití. El dinero, mientras tanto, era cada vez más escaso. La ONU criticó la crisis política del país. En mayo de 2000, la FL ganó las elecciones legislativas, pero la OEA las consideró fraudulentas.

Préval, aislado, nunca llegaba a gobernar. Las disputas entre la OPL y la FL se tornaron candentes. La oposición a Aristide, incluido el partido de Pierre-Charles, decidió boicotear las elecciones presidenciales de noviembre de 2000. Titid fue reelegido sin dificultad alguna.

Revolución y contrarrevolución

En su nuevo mandato Aristide mantuvo la orientación neoliberal, que se manifestó, por ejemplo, en la construcción de una zona franca en Ouanaminthe, en el nordeste del país, en 2003. Administrada por una empresa dominicana –el Grupo M–, el área garantizó exenciones de impuestos a las grandes corporaciones. Los trabajadores, con jornadas de más de diez horas, recibían 72 gurdes por día, menos de dos dólares.

Durante la Cumbre de Monterrey, que en enero de 2004 reunió en México a los jefes de Estado de varios países de las Américas, Aristide presentó un proyecto para crear otras diecisiete zonas francas en Haití. La idea fue aplaudida por los representantes de la República Dominicana, donde existen 56 zonas francas y, como era previsible, por los Estados Unidos.

En las altas esferas del segundo gobierno de Aristide reinaba la corrupción. Los presupuestos destinados a políticas sociales, como los fondos de crédito popular, eran desviados por los altos funcionarios. Para garantizar el apoyo en las villas de emergencia, el presidente adoptó medidas populistas, como la distribución de comida y ropas y el financiamiento de algunas asociaciones de moradores. Y, para mantener su liderazgo incuestionable en los barrios pobres, organizó y armó grupos ligados a la FL, que vigilaban y reprimían la acción de los sectores opositores. Eran las Chimè (“quimeras”, en criollo haitiano).

Desde fines de 2003, las manifestaciones contra Aristide se multiplicaron. Los movimientos campesinos, incluyendo el MPP, protestaban contra el gobierno, organizaban marchas e intensificaban las ocupaciones de tierra, sobre todo aquellas pertenecientes al Estado. En Ouanaminthe, los trabajadores entraron en huelga. En los barrios pobres, las asociaciones de vecinos comenzaron a resistir las intervenciones de las Chimè. Los medios internacionales, tomados por sorpresa, hablaban de un levantamiento popular, de revolución.

En el mismo período, en la región de Gonaïves, ex militares desbarataron un golpe de Estado. Contaban con el apoyo de Jean-Claude Duvalier, refugiado en Francia. La prensa se concentró en la acción de los ex militares. El levantamiento popular, cada vez más fuerte, salió a escena. Para los periodistas extranjeros enviados a Haití, Aristide, sin legitimidad, no tenía cómo detener a los ex militares que ponían en riesgo a la población.

El 29 de febrero de 2004, el presidente fue depuesto y secuestrado por soldados de los Estados Unidos. Con el aval de la ONU y de otras potencias –especialmente Francia–, los marines ocuparon el país e instauraron un gobierno que se decía transitorio. Alegaron la necesidad de defender la democracia de Haití, que estaba al borde de un golpe militar. De hecho, el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, no quería que llegasen al poder aquellos grupos que él no controlaba, principalmente los movimientos sociales. Aristide fue llevado a la República Centroafricana, desde donde criticó la acción estadounidense.

Soldados de los Estados Unidos patrullan Bel Air en Puerto Príncipe, después de distribuir suplementos para estudiantes en las escuelas de la ciudad, la llamada Operación Homework [Deber de casa], que forma parte de la Operación Secure Tomorrow [Mañana Seguro], en abril de 2004 (US Marine Corps) Elecciones en Puerto Príncipe en 2006 (Marcello Casal Jr./Abr)
La ocupación multilateral

El ex presidente de la Suprema Corte de Haití, Boniface Alexandre, asumió el lugar de Aristide con el apoyo de la comunidad internacional. Pero careció de fuerza y de legitimidad para gobernar: no fue capaz de ejecutar ni de definir un proyecto de desarrollo. La falta de legitimidad también caracterizó al primer ministro Gérard Latortue. Alfabetizado en francés, no podía leer criollo, la única lengua hablada por el 85% de los haitianos. Además, había pasado varias décadas fuera del país.

El gobierno ha estado guiado por las instituciones internacionales. Los asesores extranjeros tienen reuniones diarias con los jefes del Ejecutivo. El Banco Mundial y la ONU definen las estrategias de corto y mediano plazo. Se invierten millones de dólares en proyectos como las zonas francas, sin estimular, ni mucho menos permitir, que sean controlados por la sociedad haitiana.

En junio de 2004, la ONU envió cerca de 9.000 funcionarios a Haití, en su mayoría militares. El comando de las tropas de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah) quedó a cargo del general brasileño Augusto Heleno Ribeiro Pereira.

Para el gobierno de Brasil, su participación en la Misión garantizaría la visibilidad internacional. Para la población haitiana, en cambio, nada cambió. Los resultados de la acción de la Minustah –cuyos objetivos son, entre otros, garantizar un ambiente social estable, reestructurar la Policía Nacional Haitiana y apoyar el combate contra la pobreza– son lamentables.

En diversas entrevistas, Pereira declaró que el problema de Haití no era militar sino social y económico. Pidió a los países ricos ayuda para la población, pero no recibió respuesta alguna. Frustrado, presentó su dimisión y fue sustituido, en agosto de 2005, por otro brasileño, el general Urano Teixeira de la Matta Bacellar. El 7 de enero de 2006, el general Bacellar murió en condiciones misteriosas, por una herida de bala, en su propio cuarto. Los portavoces de la ONU inicialmente hablaron de suicidio, pero la versión oficial dijo que había sido un “trágico accidente”.

El general Pereira tenía motivos de sobra para estar decepcionado. De acuerdo con las estadísticas oficiales, el 80% de los 8,52 millones de haitianos viven por debajo de la línea de pobreza. El analfabetismo afecta al 50,2% de la población. La expectativa promedio de vida es de 51,5 años. En las ciudades, principalmente en Puerto Príncipe, la mayor parte de la población vive en asentamientos informales, donde es víctima de la violencia de las Chimè, todavía vigentes, y de la policía. El pueblo vive aterrorizado. En la zona rural, la pobreza se ha visto agravada por la sequía, que duró desde diciembre de 2004 hasta octubre de 2005. En el mismo período, varios huracanes arrasaron diversas regiones del país.

La farsa de la elección

La ONU y la OEA definieron la realización de elecciones presidenciales como la principal estrategia para implementar la democracia en Haití. Bellos discursos, pésimos resultados. Los comicios nacieron ilegítimos. Con el consentimiento de Latortue, la OEA organizó las elecciones presidenciales haitianas financiando 41 de los 44 millones de dólares para ser gastados en los comicios. Técnicos extranjeros escogieron los lugares de votación y asumieron la responsabilidad de las listas electorales y la distribución de cédulas. Mientras tanto, en noviembre de 2005, de un total de 3,5 millones de electores registrados, sólo 100.000 habían recibido el título de elector. Por esa razón, ese mes fueron postergadas, por cuarta vez, las fechas de las dos vueltas de las elecciones presidenciales.

La votación se realizó por fin el 7 de febrero de 2006 y movilizó entre el 75 y el 80% de los 3,5 millones de electores del país, según datos oficiales. Antes de la votación, el ex presidente René Préval, del partido Lespwa (“esperanza”, en criollo) que él mismo fundó, aparecía como favorito absoluto para ser presidente del país. En las encuestas de opinión sumaba entre el 55 y el 65% de las preferencias, lo que garantizaba su elección en la primera vuelta.

Elecciones en Puerto Príncipe en 2006 (Marcello Casal Jr./ABr)

Cuando comenzó el recuento de votos, su victoria parecía cierta. Pero cuando faltaba controlar menos del 10% de las urnas, el Consejo Electoral Provisorio (CEP), creado para coordinar el recuento de las preferencias, anunció que Préval no había alcanzado el 50% de votos necesarios para ser elegido en la primera vuelta. Tendría que disputar una segunda vuelta, programada para marzo, contra el segundo candidato: Leslie Manigat, de la Agremiación de los Demócratas Nacionales Progresistas (RDNP, en la sigla en criollo).

Los partidarios de Préval tomaron las calles de diversas ciudades, especialmente de Puerto Príncipe, exigiendo que el CEP reconociera la victoria del ex presidente. Las denuncias de fraude contra Préval exaltaron todavía más a las movilizaciones. Los soldados de la Minustah abrieron fuego contra los manifestantes, alegando contener acciones criminales.

Frente a la crisis, los gobiernos de los países que componen la Minustah intentaron evitar el fiasco de los comicios. Entraron en contacto con Préval y le pidieron que aceptara la segunda vuelta. Préval se negó. Se comunicaron luego con los otros candidatos e intentaron convencerlos de desistir de los comicios y dar la victoria a Préval. Muchos se negaron y la estrategia quedó desbaratada.

Sin otra opción, y a partir de una propuesta del gobierno brasileño, los países extranjeros cambiaron a último momento las reglas de la elección. Decidieron descontar los votos en blanco y anulados de los resultados oficiales, hecho que garantizó la victoria de Préval en la primera vuelta. El 17 de febrero, el presidente del CEP, Max Mathurin, proclamaba al candidato del Lespwa como el nuevo presidente haitiano. El recuento oficial de votos todavía no se había cerrado. El resultado definitivo se conoció tres días después: una vez descontados los votos en blanco y anulados, Préval obtuvo el 51,2% de las preferencias; el segundo candidato, Lesly Manigat, logró reunir apenas el 12,4%.

Miembro del batallón brasileño de la Misión de la ONU en Haití lleva a un bebé a un lugar seguro mientras ayuda a un residente de Citè-Soleil, una de las áreas devastadas por la fuerte lluvia de la tempestad tropical Noel, en octubre de 2007 (Marco Dormino/UN)

Un futuro dudoso

El tumultuoso escenario de la elección deslegitima las acciones políticas de Préval, quien durante la campaña electoral no presentó ningún programa. Su gobierno aparece, entonces, como una gran incógnita. Es apoyado por algunos movimientos campesinos como el Tet Kole (“cabezas juntas”, en criollo) y criticado por el MPP, que lo considera muy parecido a Aristide. Las diferentes estrategias de las organizaciones quebrantaron las tentativas de crear una plataforma unificada de trabajadores del campo.

Más allá de que Préval no haya presentado un programa, la orientación política de Haití ya está definida. Tras el secuestro de Aristide, el Banco Mundial (BM) llevó a cabo encuentros informales en su sede de Washington con gobernantes de diversos países, como Canadá, Chile, los Estados Unidos y Francia. Deliberaron, sin la presencia de representantes legítimos de Haití, sobre la necesidad de formular un plan económico a mediano plazo para ese país. La tarea fue asignada a trescientos especialistas, de los cuales cien eran haitianos, que trabajaron bajo la orientación del BM y de otras dos instituciones internacionales: la USAID y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Del trabajo de los especialistas surgió el Cuadro de Cooperación Interina (CCI, como se lo conoce por su sigla en francés), que supuestamente serviría como hilo conductor para el desarrollo económico haitiano hasta el año 2014. El BM condicionó su apoyo al nuevo gobierno de Haití –con oferta de empréstitos y ayuda técnica– al acatamiento de éste a la política definida por el CCI.

El CCI postuló la privatización de las empresas estatales y de los recursos naturales. Su prioridad no era la atención de las necesidades sociales de la población (empleo, salud, alimentación, educación) sino el crecimiento económico. Para lograrlo, propuso una fórmula clara: atraer a los inversores extranjeros, construir zonas francas y desarrollar el turismo.

La soberanía futura de Haití ya está comprometida. El país, desde comienzos del siglo XX, se transformó en el laboratorio de política internacional de Washington. Antes de definir su estrategia para el mundo, el Imperio la pone a prueba en el país caribeño, generando inestabilidad, crisis y falta de democracia. Los fantasmas del pasado –Baby Doc y Titid– siguen vigentes y pretenden volver al gobierno. Los antiguos Tontons Macoutes y las Chimè siembran el terror entre la población pobre, que no acepta el rumbo que las grandes potencias quieren imponerle y rechaza el futuro que el Banco Mundial preparó para Haití.

(actualización) 2005 – 2016

por Gerson Sintoni

En enero de 2010, un terremoto de magnitud 7, y con su epicentro localizado a 25 kilómetros al oeste de Puerto Príncipe, arrasó la capital haitiana; dejó un saldo de más de 230.000 personas muertas y alrededor de 1,5 millones de personas sin techo. A raíz de la destrucción provocada por el estremecimiento de la tierra hubo un brote de cólera que se llevó a otras 7.000 personas. Desde entonces, los programas de ayuda internacional para reconstruir la infraestructura y las casas consiguieron reubicar a buena parte de la población sin techo. En 2015, sin embargo, aproximadamente 100.000 haitianos todavía vivían en campamentos de emergencia que habían sido levantados inmediatamente después del terremoto.

La Misión de la ONU para la Estabilización de Haití permanece en el país y cuenta con casi 6.500 militares, 2.500 policías y 400 civiles. Con un desempleo del 40%, una gran masa de haitianos dejó al país hundido en la miseria. El principal destino ha sido la vecina República Dominicana. Con un ingreso per cápita de US$ 740,2 (2013), continúa siendo el país más pobre de las Américas y uno de los más pobres del mundo. Más de 6 millones de haitianos ‒59% de la población‒ (ECVMAS, 2012) viven por debajo de la línea de la pobreza y 24% padecen condiciones de extrema pobreza.

En octubre de 2015, el país tuvo un nuevo comicio electoral para elegir gobernadores, parlamentarios y un nuevo presidente. La contienda presidencial resultó en una segunda vuelta entre Juvenel Moïse, del PHTK (Partido Haitiano Cabezas Juntas), que consiguió el 32,8% de los votos, y Jude Célestian, del PAPEH (Liga Alternativa para el Progreso y la Emancipación Haitianas) con 25,2% de los votos. Celestian, así como los otros cinco candidatos a presidente, impugnó el resultado, pero la votación en segunda vuelta estaba programada para el día 24 de enero de 2016.

Haitianos comienzan la reconstrución de Puerto Príncipe, luego de los estragos del huracán Ike, en septiembre de 2008 (U.S. Navy)

 

Una barrera que separa Puerto Príncipe y Les Cayes cede tras el paso del huracán Ike, en septiembre de 2008 (U.S. Navy)

 

Una calle en el centro de Puerto Príncipe muestra la gran destrucción causada por el terremoto que afectó a Haití, en enero de 2010 (Logan Abassi/UN)

 

El Palacio Nacional haitiano seriamente dañado luego del terremoto de 7 puntos en la escala Richter, en enero de 2010 (Logan Abassi/UN)

 

Los brasileños de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití o MINUSTAH (sigla derivada del francés: Mission des Nations Unies pour la Stabilisation en Haïti), reparten agua y comida en Puerto Príncipe, en enero de 2010 (Marco Dormino/UN)

 

Mujer haitiana es retirada de los escombros por socorristas del condado de Los Ángeles, trabajando como voluntarios en Haití, en enero de 2010 (US Navy)

 

Haitianos forman una larga fila para recibir la comida que distribuye la ONU en Puerto Príncipe, en enero de 2010 (Logan Abassi/UN)

 

Centenares de haitianos desplazados en refugios improvisados frente al Hospital de Campo Gheskio, localizado en el terreno de la Universidad de Quisqueya, donde el IMSuRT (International Medical Surgery Response Team), una organización nacional que combina profesionales médicos (cirujanos y técnicos) de Boston y Seatle, ofrece atención de emergencia después del terremoto, en enero de 2010 (U.S. Navy)

 

Soldado de la ONU en patrulla nocturna en Cité Soleil, favela cercana a la capital, Puerto Príncipe, en enero de 2010 (Sophia Paris/UN)

 

Duly Brutus, embajador, representante permanente de Haití en la OAS (Organization of American States); Michel Martelly, presidente de Haití y José Miguel Insulza, secretario general de la OAS, en Washington, en febrero de 2014 (Juan Manuel Herrera/OAS)

 

Bibliografía

  • BEAUVOIR, Rachel; DOMINIQUE, Didier: Savalou E, Montreal, Les Éditions du Cidihca, 2003.
  • CASTOR, Suzy: La ocupación norteamericana de Haití y sus consecuencias (1915-1934), México, Siglo XXI, 1971.
  • ______: Les origines de la structure agraire en Haiti, Port-au-Prince, Centre de Recherche et de Formation Économique et Social pour le Développement, 1998.
  • GARR (Grupo de Apoyo a los Repatriados y Refugiados): Sur les traces des braceros. Santo Domingo, GARR – Plateforme VIDA, 2003.
  • LUNDAHL, Mats; SILIE, Ruben: “Economic reform in Haiti: past failures and future success?”, en Comparative Economic Studies, Basingstoke, vol. 40, 1998.
  • PIERRE-CHARLES, Gérard: Haiti: la difficile transition démocratique, Port-au-Prince, Centre de Recherche et de Formation Économique et Social pour le Développement, 1997.
  • ______: Radiographie d’une dictature, Montreal, Nouvelle Optique, 1973.
  • ROTBERG, Robert: Haiti Renewed: political and economic Prospects, Washington, Brookings Institution Press, 1997.
  • WEINSTEIN, Brian; SEGAL, Aaron: Haiti: the failure of politics, Westport, Praeger Publishers, 1992.

 

Datos Estadísticos

Indicadores demográficos de Haití

1950 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020*
Población
(en mil habitantes)
3.221 3.869 4.713 5.692 6.867 7.110 8.578 11.288
• Sexo masculino (%) 48,80 49,12 49,26 49,20 49,32 49,45 49,41
• Sexo femenino (%) 51,20 50,88 50,74 50,80 50,68 50,55 50,59
Densidad demográfica
(hab./km²)
116 139 170 205 256 309 357 407
Tasa bruta de natalidad
(por mil habitantes)**
45,68 43,50 38,22 42,80 35,51 29,73 25,8* 22,2
Tasa de crecimiento
poblacional**
1,75 2,00 1,75 2,31 1,95 1,53 1,38* 1,11
Expectativa de vida (años)** 37,58 43,58 48,03 51,55 55,27 58,13 63,0* 65,4
Población entre
0 y 14 años (%)
39,62 40,30 41,83 41,09 43,15 40,32 36,15 32,4
Población con
más de 65 años (%)
3,68 3,23 3,67 4,03 3,95 3,99 4,46 5,0
Población urbana (%)¹ 12,17 15,59 19,76 20,54 28,51 35,60 52,02 63,79
Población rural (%)¹ 87,83 84,41 80,24 79,46 71,49 64,40 47,98 36,21
Participación en la población
latinoamericana (%)***
1,92 1,76 1,64 1,56 1,60 1,63 1,66 1,71
Participación en la población
mundial (%)
0,128 0,128 0,128 0,128 0,134 0,140 0,143 0,146
[/su_table ]
Fuentes: ONU: World Population Prospects: The 2012 Revision Population Database.
¹ Datos sobre la población urbana y rural tomados de ONU: World Urbanization Prospects, the 2014 Revision.
* Proyección. | ** Estimaciones por quinquenios. | *** Incluye el Caribe.
Obs.: Informaciones sobre fuentes primarias y metodología de cálculo (incluidos eventuales cambios) se encuentran en la base de datos indicada.
cada.

Indicadores socioeconómicos de Haití

1970 1980 1990 2000 2010 2020*
PBI (en millones de US$ a
precios constantes de 2010)
6.643,5

 

6.641,1 6.707,8
• Participación en el PBI
latinoamericano (%)
0,251 0,185 0,135
PBI per cápita (en US$ a
precios constantes de 2010)
934,4 774,2 678,7
Exportaciones anuales
(en millones de US$)
215,8 265,8 331,7 563,4
Importaciones anuales
(en millones de US$)
319,0 442,6 1.086,7 3.010,1
Exportaciones-importaciones
(en millones de US$)
-103,2 -176,8 -755,0 -2.446,7
Inversiones extranjeras
directas netas
(en millones de US$)
13,0 8,0 13,3 178,0
Deuda externa pública
(en millones de US$)
348,4 841,0 1.170,3 353,3
Población Económicamente
Activa (PEA)
2.348.456 2.697.017 3.211.881 4.135.446 5.234.756
• PEA del sexo masculino (%) 57,45 56,01 53,29 52,50 51,73
• PEA del sexo femenino (%) 42,55 43,99 46,71 47,50 48,27
Matrículas en el
primer nivel¹
580.127
Matrículas en el
segundo nivel¹
91.247
Matrículas en el
tercer nivel¹
4.282
Médicos² 600 1.150
Índice de Desarrollo
Humano (IDH)³
0,352 0,413 0,433 0,462
Fuentes: CEPALSTAT.
¹ UNESCO: Institute for Statistics.
² Los datos del año 1980 se refieren sólo al Ministerio de Salud
³ UNDP: Countries Profiles.
* Proyecciones. 
Obs.: Informaciones sobre fuentes primarias y metodología de cálculo (incluidos eventuales cambios) se encuentran en la base de datos o en el documento indicados.

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Conteúdo atualizado em 15/06/2017 15:14