En el mercado de carbono, los créditos no se generan todos de la misma manera. Suelen organizarse según el tipo de proyecto que produce la reducción o remoción de emisiones, como restauración forestal, energías renovables, gestión de residuos, agropecuaria y mejoras en procesos industriales. En general, cada crédito corresponde a 1 tCO₂e — una tonelada de dióxido de carbono equivalente.
En los proyectos forestales, los créditos pueden provenir de la recuperación de áreas degradadas, la plantación de árboles o la protección de áreas que almacenan carbono. En los proyectos energéticos, suelen surgir de la sustitución de fuentes más contaminantes por alternativas más limpias, como solar, eólica, hidrógeno o biogás. En residuos y agropecuaria, es común la captura de metano que, de no ser tratado, se liberaría a la atmósfera.
Esta clasificación por tipo de proyecto es importante porque cada categoría tiene su propia lógica de medición. En un proyecto forestal, por ejemplo, es necesario monitorear durante cuánto tiempo el carbono permanece almacenado; en un proyecto energético, el enfoque está en comparar la energía generada con la fuente que se habría utilizado sin el proyecto. Es decir, el tipo de proyecto ayuda a definir cómo se calculará, monitoreará y verificará el crédito.
Para quienes están comenzando, el mensaje principal es simple: dos créditos pueden tener el mismo valor unitario, pero orígenes, riesgos e impactos muy diferentes. Por eso, entender el tipo de proyecto es uno de los primeros pasos para comprender el mercado de carbono con mayor claridad.